En la primera entrada de esta serie hablamos de Blizzard. En esta ocasión toca hablar de Ubisoft, la reina de los mundos abiertos, que de tanto querer abarcar se quedó sin ideas y ya sólo reutiliza escenarios y misiones, y los decora un poco para intentar que no se note. Parecen las cuatro primeras películas de Disney: todas comparten los fondos y los bailes, pero cambian los personajes. Pero Disney tenía excusa: no disponía de la tecnología ni de la cantidad de trabajadores que tiene Ubisoft, y no logró con aquellas películas ni una ínfima parte de los beneficios que consigue la desarrolladora por copiar y pegar.
Empecé a jugar el primer Assassin’s Creed en su momento, al poco de su salida, y tras un par de horas de juego lo dejé y no volví jamás. No avancé apenas en la historia. De hecho, a día de hoy tendría que hacer una búsqueda en internet para enterarme de qué va, porque había tal cantidad de misiones secundarias que me resultó abrumador. Y no sólo la cantidad: es que te hacían un encargo en la primera calle del juego y tenías que conseguirlo en la última esquina del mapa, allá donde olvidabas a qué habías ido. Y por el camino se activaban otra cantidad ingente de misiones secundarias que aportan entre poco y nada a la historia del juego.
Ni mi madre me pedía tantos encargos. Qué agobio y qué estrés. En lugar de pagar por un Assassin’s Creed, deberían pagarte un sueldo por jugarlo.
Pero las malas prácticas no se quedan ahí, no, por favor. De meter la pata vamos con todo. Casi podríamos empezar a llamar a Ubisoft «Blizzard 2», porque se ve que entre bambalinas las malas prácticas eran otro copia y pega de su competencia. Si es que lo llevas al extremo, querido, que eso de que se pega todo menos la hermosura no hay que tomárselo tan a pecho. Y sin embargo, este mismo mes, junio de 2025, empiezan los juicios penales contra la cúpula directiva de la compañía. Y te resumo: ¿recuerdas lo que leíste en la entrada dedicada a Blizzard? Pues «Ubicopia» y «Ubipega». Acoso sexual, discriminación sistemática, represalias… Una vergüenza con todas las letras. Juicios que nacen de denuncias públicas realizadas en 2020 y que solo ahora llegan a los tribunales.
¿Y mientras este gigante se desmorona, a qué se dedica? A hacer más promesas vacías. Anuncios que ya ni intentan prometer nada. Y si no, podemos remitirnos a Skull & Bones, XDefiant o los últimos Assassin’s Creed (desde Black Flag la franquicia ya no era Assassin’s Creed). Pero eso sí, puedes seguir disfrutando y volver a disfrutar de las secundarias que no aportan, las calles que te suenan, y bueno, contenido ya visto y que huele a rancio.
Al final, sus mundos abiertos no eran una promesa de libertad, sino un decorado para enmascarar la rutina. Todo está colocado para que parezca que eliges, pero sólo estás siguiendo rutas prefabricadas, cumpliendo encargos que no pediste, atrapado en un mapa donde no hay salida, ni dentro del juego ni en los despachos que lo diseñaron. Ubisoft no crea experiencias, impone ciclos. Y si te atreves a señalarlo, dentro o fuera de la pantalla, solo te espera el silencio. O el despido.
Viendo el panorama… ¿cuánto crees que falta para que salga a la venta? ¿Quién será el valiente que compre este cascarón?